Jugar

El renacuajo paseador – audio

Imagen destacada maguaré
0:00
0:00

Un renacuajo salió de paseo un tanto travieso y muy elegante y por el camino se encontró con varios animales, pero las cosas no salen como esperaba. Escucha esta historia y descubre qué fue lo que le paso a este elegante renacuajo.

-- Letra --

El hijo de Rana, Rinrín Renacuajo,
salió esta mañana muy tieso y muy majo
con pantalón corto, corbata a la moda,
sombrero encintado y chupa de boda.
“¡Muchacho no salgas!” le grita mamá,
pero él le hace un gesto y orondo se va.

Halló en el camino a un ratón vecino,
y le dijo: “¡Amigo! venga usted conmigo,
visitemos juntos a doña Ratona
y habrá francachela y habrá comilona”.

A poco llegaron, y avanza Ratón,
estírase el cuello, coge el aldabón,
da dos o tres golpes, preguntan: “¿Quién es?”
— “Yo, doña Ratona, beso a usted los pies”.

“¿Está usted en casa?” — “Sí, señor, sí estoy;
y celebro mucho ver a ustedes hoy;
estaba en mi oficio, hilando algodón,
pero eso no importa; bien venidos son”.

Se hicieron la venia, se dieron la mano,
y dice Ratico, que es más veterano:
“Mi amigo el de verde rabia de calor,
démele cerveza, hágame el favor”.

Y en tanto que el pillo consume la jarra
mandó la señora traer la guitarra
y a renacuajito le pide que cante
versitos alegres, tonada elegante.

“¡Ay! de mil amores lo hiciera, señora,
pero es imposible darle gusto ahora,
que tengo el gaznate más seco que estopa
y me aprieta mucho esta nueva ropa”.

“Lo siento infinito”, responde tía Rata,
“aflójese un poco chaleco y corbata,
y yo mientras tanto les voy cantar
una cancioncita muy particular”.

Mas estando en esta brillante función
de baile y cerveza, guitarra y canción,
la Gata y sus Gatos salvan el umbral,
y vuélvese aquello el juicio final.

Doña Gata vieja trinchó por la oreja
al niño Ratico maullándole: “¡Hola!”
Y los niños Gatos a la Rata vieja
uno por la pata y otro por la cola.

Don Renacuajito mirando este asalto
tomó su sombrero, dio un tremendo salto,
y abriendo la puerta con mano y narices,
se fue dando a todos “noches muy felices”.

Y siguió saltando tan alto y aprisa,
que perdió el sombrero, rasgó la camisa,
se coló en la boca de un pato tragón
y éste se lo embucha de un solo estirón.

Y así concluyeron, uno, dos y tres,
Ratón y Ratona, y el Rana después;
los Gatos comieron y el Pato cenó,
¡y mamá Ranita solita quedó!

Rafael Pombo

Los caballos que no querían amo – audio

Imagen Audio Maguaré

Memorias de un niño embustero – audio

Imagen Audio Maguaré