Unos Ojitos Saltones – Narración
-- Letra --
Pero de un momento a otro, todo se transforma con la llegada de los bebés. Pasan los días, pasan las horas, pasan los minutos, y los pequeños crecen a pasos agigantados. Cada vez hay menos tiempo para las tareas hogareñas, que se multiplican sin tregua, mientras mamá y papá zarigüeya discuten cada vez más.
Querido, no olvides sacudir el polvo. Sí, mi amor, dame un segundo. Querido, por favor, no olvides la lista del mercado.
Sí, sí, mi amor, espérame, sacudo el polvo y voy por el... Zarigüeyo, por favor, préstame atención. ¿Me podrías hacer un masaje en la espalda, por favor? ¿Un masaje en la espalda? Sí, mamá zarigüeya. El pobre cada vez se ve más enredado y preocupado, tratando de seguirle el ritmo a mamá zarigüeya.
Ella, a pesar de su cansancio, carga cada una de sus crías en su lomo y tiene todo organizado con delicadeza y precisión. Ella siempre sabe qué necesitan a la hora en que lo necesitan, mientras zarigüeyo corre de un lado para otro, haciendo sus mejores esfuerzos, repitiendo sin cesar tarea a tarea. Es la hora de la siesta.
Ay, perdón, es la hora de los teteros. Es hora de sacar la basura, de lavar los platos, de mandar tres informes, de hacer alguna llamada. Pero, pero, pero todo parece salirle al revés al pobre.
La comida la sirve en el desayuno. Sus arrullos hacen sollozar a las crías y sus historias para dormir son más terroríficas que ensoñadoras. Mamá zarigüeya intenta ayudarlo.
Sin embargo, él está tan preocupado por hacer todo como ella que ni la escucha. ¡Y qué terrible! En medio de tantos ires y venires y luego de una fuerte discusión, papá y bebés se dan cuenta de que mamá, mamá se ha ido. ¡No está! ¡No aparece por ninguna parte! Mami, yo quiero a mi mami.
¡Oh! ¿Dónde estará mamá? ¿Y ahora qué vamos a hacer? ¡Es terrible! ¡No puede ser! Mamá zarigüeya no aparece. Mire, ni en la foto del portarretratos está. Más confundido que de costumbre, él decide salir en busca de ayuda.
Sin pensarle un minuto más, alista su mochila, una pequeña libreta y una pluma. Perfectos ingredientes para tomar nota de todos los sabios consejos que puede encontrar por su vecindario. Su vecina más cercana, la cocodrila, es reconocida por ser una mamá dulce y cariñosa, a pesar de tener un aspecto tan rudo y feroz.
Entre la vergüenza y el miedo que le dan las pauses de mamá cocodrila, Zarigüeyo toca la puerta una sola vez, por temor a lo que habría de suceder. ¡Buenos días, comadre cocodrila! ¡Tanto gusto en saludarlo! Cuénteme, ¿qué lo trae por acá? Tengo mucho por hacer y ya se me hace tarde. No se preocupe, no le voy a quitar mucho tiempo.
Solo quisiera saber, ¿cómo hace usted para mantener su casa en orden con tantos huevos por cuidar? Con esas palabras, la cocodrila, que producía tanto terror, de pronto parpadea un par de veces, sonríe con dulzura y dice, Querido Zarigüeyo, cuando de los hijos se trata, todo cambia. Hasta la voz suena distinta y mi canto suena así.
Textos, producción y dirección general: María del Sol Peralta. Producción musical: Luis Felipe Aljure. Arreglos y dirección musical: Luis Felipe Aljure. Ilustraciones: Paula Bossio Coproducción de baterías: Leonel Alexander Merchán.
